Tenis x Tenis de Playa –  Rubem Alves

Después de mucho meditar sobre el tema, concluí hay dos tipos de boda: hay bodas del tipo tenis y hay bodas del tipo tenis de playa.

Las bodas del tipo tenis son una fuente de rabia y resentimientos y terminan siempre mal. Las bodas del tipo tenis de playa son una fuente de alegría y tienen la chance de larga vida. Me explico. Para comenzar, una afirmación de Nietzche, con la cual concuerdo completamente. Ya decía él: “Al pensar sobre la posibilidad de casamiento, cada uno debería hacerse la siguiente pregunta: Cree que sería capaz de conversar con placer con esta persona hasta su vejez?” todo el resto en el casamiento es transitorio, pero las relaciones que desafían el tiempo son aquellas construidas sobre el arte de conversar.

 

En los cuentos de las “Mil y una noches”, Sherazade sabía esto. Sabía que los matrimonios basados en los placeres de la cama son decapitados por la mañana, terminan en separación, pues los placeres del sexo se agotan rápidamente, terminan con la muerte, como en la película “El imperio de los sentidos”. Por eso, cuando el sexo ya estaba muerto en la cama y el amor nada más podía decir a través del mismo, Sherazade lo resucitaba por la magia de la palabra. Comenzaba con una larga charla sin fin, que debería durar mil y una noches. El sultán se callaba y escuchaba sus palabras como si fueran música. La música del sonido o de la palabra – es la sexualidad bajo la forma de la eternidad; es el amor que resucita siempre después de morir. Hay cariños que se hacen con el cuerpo y cariños que se hacen con las palabras.

 

El tenis es un juego feroz. Su objetivo es derrotar al adversario. Y su derrota se revela en su error: el otro ha sido incapaz de devolver la bola. Se juega al tenis para hacer que el otro erre. El buen jugador es aquel que tiene la noción exacta del punto débil de su adversario y es justamente allí que va a dirigir su remate – palabra muy sugestiva que indica su objetivo sádico, que es rematar, interrumpir, derrotar. El placer del tenis reside, por lo tanto, justamente en el momento en que el juego no puede continuar más, porque se ha colocado al adversario fuera del juego. Termina siempre con la alegría de uno y la tristeza del otro.

 

El tenis de playa se parece mucho al tenis: dos jugadores, dos raquetas y una bola. Solo que, para que sea un buen partido, es necesario que ninguno de los dos pierda. Si la pelota vino medio torcida, se sabe que no ha sido a propósito y se hace el mayor esfuerzo del mundo para devolverla y que no haya ningún derrotado. Aquí, o los dos ganan o ninguno gana. Y nadie se pone contento cuando el otro se equivoca, pues el deseo es que nadie se equivoque. El error de uno en el tenis de playa, es como eyaculación precoz: un accidente lamentable que no debería haber sucedido, pues lo realmente bueno es aquel ir y venir, ir y venir, ir y venir…

Y el que se equivocó pide disculpas, y el que provocó el error se siente culpable. Pero no tiene importancia: se empieza de nuevo este delicioso juego en el que nadie marca puntos. La bola son nuestras fantasías, irrealidades, sueños bajo la forma de palabras. Conversar es quedarse peloteando sueño para aquí, sueño para allí. Sueño para aquí, sueño para allí…

Pero hay parejas que juegan con los sueños como si jugaran al tenis. Están a la espera del momento justo para el remate. El partido de tenis es así: se recibe el sueño del otro para destruirlo, reventarlo como una pompa de jabón. Lo que se busca es tener razón y lo que se gana es el distanciamiento.  Aquí, quien gana, siempre pierde.

En el tenis de playa es diferente. El sueño del otro es un juego que debe preservarse, pues se sabe que, si es un sueño es algo delicado, del corazón. Así crece el amor. Nadie gana para que los dos ganen. Y se desea entonces que el otro viva siempre, eternamente, para que el juego nunca tenga fin…ue se ganha é o distanciamento. Aqui , quem ganha, sempre perde.

Casamento Aline + Felipe

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